Nota publicada Edición Impresa "Marzo 2017"
Editorial

La lechería sin brotes verdes

Por aquí no hay brotes verdes. Estamos en la región de la gran cuenca lechera argentina. La euforia y el optimismo que se reflejó hace pocos días en la mega muestra Expoagro no es la que se vive por estos tiempos en esta zona, otrora la “isla” porque las crisis nunca llegaban.
Que el Gobierno nacional no se quede con el termómetro de este nuevo boom de la agricultura, que bienvenida sea porque una cosecha récord que puede alcanzar los 130 millones de toneladas, significa volver a poner de pie al campo. Pero no es todo, claro está.
Varias economías regionales, importantes contenedoras sociales por su derrame territorial andan a los tumbos. También están en juego miles de puestos de trabajo, hay precarización en calidad de vida y es allí donde el gobierno debería estar poniendo su acento.
El campo se desenvuelve entre luces y sombras. Si Expoagro fue el reflejo de una recuperación en la producción de granos significa que las medidas adoptadas por la nueva gestión gubernamental han sido positivas. Hay un claro derrame de esa reactivación con la industria de la maquinaria y toda su cadena metalmecánica. Pero convengamos que la asistencia y el aporte a una economía de vital importancia como es la producción de leche, ha quedado postergada, casi olvidada en la consideración de este gobierno cuyos funcionarios fantasean con una lechería de futuro. Se olvidaron del presente, no han reaccionado que se está viviendo una catástrofe que provocó un peligroso quiebre en una gran economía que produce un alimento básico que no puede faltar en la dieta de los argentinos. Para expresarlo más vulgarmente, todo es pura cháchara.
El clima se ensañó con la lechería en el momento menos oportuno. Apretada con rentabilidad cero, la principal economía regional que genera muchos miles de puestos de trabajo y permite mantener a cientos de pueblos del interior, está en la lona. Cuando intentaba ponerse de pie a fines de 2016 otro golpe climático le asestó un nuevo knock out. Miles de hectáreas inundadas, cientos de familias se debieron ir de los campos, cerraron tambos, se liquidaron rodeos completos que estaban en plena producción y hoy falta leche. Y el sector industrial también está seriamente preocupado por su capacidad ociosa. El caso más emblemático es la situación  de la cooperativa láctea SanCor que, al margen de cuestiones de manejo empresarial, también ha sido afectada por la escasez de materia prima, hoy sólo recibe el 50% del volumen diario promedio que rondaba los 3 millones y medio de litros.
La lechería santafesina y cordobesa que significa más del 60% de la producción nacional está padeciendo las consecuencias directas del comportamiento climático con efectos irreparables. No sólo golpeó la actividad de los tambos, sino que ha provocado un empobrecimiento en los pueblos que es preocupante. Esto no lo están viendo con claridad las autoridades de gobierno provincial y nacional. Es cierto que aparecieron algunas ayudas, se debe reconocer, pero son insuficientes para contener el gran problema social que se ha instalado con paralización de distintas actividades incluyendo comercios y prestadores de servicios. Hasta las líneas de créditos anunciadas han sido lentas en su disponibilidad y no resuelven los problemas más acuciantes.
Con mucho viento a favor, la lechería nacional se podrá ir recuperando en un par de años, cuando los rodeos vuelvan a tener la cantidad de vacas en ordeño que se perdieron y se den mejores condiciones para producir y apostar a una lechería en crecimiento. Este año, si el clima acompaña, es posible que la producción individual comience a levantar recién en mayo e imaginar una primavera con volúmenes razonables para que la capacidad ociosa de la industria caiga a su mínima expresión. 
Bienvenidos sean los lotes de maíz y soja que se puedan cosechar en la zona, aunque muchos quedaron seriamente afectados. La lechería está necesitando decisiones contundentes de una política de Estado que levante el ánimo, que acompañe a todo el sector, que se evalúe el impacto en su real dimensión y se analice cómo volver a reactivar al sector, mejorando infraestructura regional, ayudando a recomponer las instalaciones tamberas, estimulando el crecimiento de los rodeos, tal vez insistiendo más en la inseminación artificial, en mejorar el confort animal, en retornar a los controles lecheros, en capacitar más personas para su desempeño en los tambos, en asegurarles mejor calidad de vida. Todo esto que se describe parece obvio, sin embargo esta feroz crisis ha llevado al productor a desandar caminos y hay que pensar acciones básicas para quienes quedaron quebrados y aún desean continuar. 
La concentración viene marchando. Hay empresas tamberas eficientes que continuarán creciendo luego de este trance pero los espacios que dejaron los que se fueron o se están por ir, es probable que los gane la agricultura. 
Cientos de millones de pesos han dejado de circular en las economías de los pueblos, sumado esto a los daños que persistirán por largo tiempo. 
En una Argentina inédita, los contrastes siempre están. Ojalá que las políticas de Gobierno alcancen a todas las actividades por igual, hay un país profundo, con miles de familias y pueblos que también contribuyen al desarrollo. Los funcionarios deberían salir más al interior, reconocer cada región y su potencial. Y los gobiernos provinciales deberían mostrarse más activos para trasladar estos problemas a la Nación. La lentitud de cómo se resuelven algunos problemas es un clásico para el sector rural.
Por ahora, no disfrutamos de los brotes verdes. 

Fuente: Nuestro Agro

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