Nota publicada Edición Impresa "Junio 2018"
Editorial

Los granos van por su revancha

La sequía significó US$ 7.500 millones de pérdidas sólo a la agricultura, además de su impacto a la ganadería y a otras economías que dependen del clima. Cuando por lo general se hace referencia a que "al campo le fue mal" sea por inundación o por déficit hídrico, está vinculado al sector granario en particular, generalmente no se suman las pérdidas que puede haber en frutas, hortalizas, vid, tabaco, caña de azúcar o en la misma ganadería entre tantas regiones donde se producen los alimentos que están presentes todos los días en la mesa de los argentinos.
Si se tiene en cuenta la gran diversidad de regiones productivas que dispone nuestro país, podría decirse que casi todos los años a algún sector no le va tan bien, a algunos regular o a otros con resultados positivos. Hay que aclararlo, porque cuando se dice "el campo anda mal" es porque hubo problemas climáticos o bien algún golpe de timón en la economía doméstica que deambula entre el atraso cambiario y la devaluación, más allá de los precios internacionales, que son volátiles pero que no deberían provocar quebrantos masivos en el agro argentino.
La cuestión es que en la campaña 2017/2018 que ha concluido, los resultados no fueron tan buenos porque a mitad del ciclo se instaló una sequía que premió a los cultivos de primera siembra y a los de segunda los castigó severamente. De los 130 M tn que se esperaban apenas se llega a los 100 M tn. Esto ya es pasado.
En estos días el campo y su ciclo de siembra 2018/2019 se puso en marcha, una vez más, con buenas perspectivas y con precios internacionales que hacen presumir que en esta próxima campaña pueda haber una revancha. Según los datos más recientes que brinda la Bolsa de Comercio de Rosario hay una proyección de 37 millones de hectáreas que serán sembradas con una inversión que asusta: US$ 10.100 millones, cifra que refleja otra fuerte apuesta a la agricultura a todo riesgo. Aún de la mano de los seguros multiriesgos que se van imponiendo y que deberían generalizarse con una política de Estado, la inversión es cuantiosa pero si los planetas se alinean, los resultados pueden ser también altamente beneficiosos para los productores y para el Estado que percibiría la nada despreciable cifra de US$ 26.400 por exportaciones cuando se cierre la campaña. 
En estas estimaciones, se habla que el valor bruto de la producción primaria puede oscilar en los US$ 25.500 millones contando solamente maíz, soja, trigo, girasol, cebada y sorgo. El principal aporte a la balanza comercial provendría del complejo sojero, responsable de algo más de 40 millones de toneladas de exportaciones entre poroto y subproductos (aceites, harinas,etc).
Las expectativas para el sector, una vez más, están dadas. Se recupera el optimismo y los productores no sólo planifican sus labores sino que se preparan para dar nuevos pasos en inversión de maquinarias y tecnología buscando eficiencia y competitividad. Parece simple, pero lejos está de serlo.
Por ello, no se logra entender cuando aparecen versiones como las recientes, sobre una posible vuelta a las retenciones por exportaciones de granos. Por más que el Gobierno esté obligado a realizar un ajuste "en serio" que no supo encarar en sus comienzos, sería traicionar a gran escala justamente al sector que más rápido le genera divisas en cantidad y que hace inversiones previas que pocos sectores se atreven a hacerlo.
Sin trabas y con estímulos financieros, son varios los sectores que se están recomponiendo, uno de ellos es la ganadería de la cual se habla en esta edición como tema de tapa, con un mercado como el Chino que significa el 50% de nuestras exportaciones de carne. También crece la producción de carne porcina que está necesitando de un equilibrio en sus costos para lograr el autoabastecimiento que necesitamos.
Si el Estado acompaña con una fuerte apuesta crediticia y simplifica a los sectores productivos la complejidad de trámites y baja la presión impositiva, los resultados pueden llegar a ser explosivos, altamente favorables para superar el déficit que se tiene. Producir más, generando más puestos de trabajo genuino, fomentando parques industriales y recuperando áreas productivas deprimidas, es la única manera de imaginar un país en desarrollo, claro está, bajando el gasto público en el amplio sentido del concepto, el costo político de reparticiones innecesarias, el achique de la burocracia estatal que hay que explicar a la ciudadanía, sería la gran fórmula de "construir confianza" interna al Gobierno actual para que toda la sociedad  lo acompañe.
Lo más lamentable que presenciamos es el afán de sectores que han destruido los valores que deben prevalecer en una República y que aún se empecinan en generar caos pretendiendo tener soluciones que nunca las pusieron en práctica. El desafío que hoy le toca a los argentinos es decidir por políticas honestas, austeras que duren muchos años y permitan recomponer la confianza que se necesita para crecer con el esfuerzo propio. 

Fuente: Nuestro Agro

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