Nota publicada Edición Impresa "Julio 2018"
Editorial

Del optimismo al desencanto

Duro invierno el que nos toca atravesar, frío intenso y persistente, aires de desencanto para la política y la economía del país y también la desazón y la desilusión por el fracaso de nuestro seleccionado nacional de fútbol con su triste participación en el Mundial.
El clima invernal de por sí afecta el estado de ánimo de muchas personas, los días cortos, el mayor encierro, mucho gris, provocan bajones psicológicos que generalmente se superan con la llegada de la primavera. Los médicos especialistas indican que hay que "ocupar" la cabeza con buenos pensamientos y mantener actividad plena. Es un consejo que no falla.
Ahora bien, cuando la realidad se vuelve dura y ante nuestra mirada nos devuelve aún más crudeza, el estado de ánimo comienza a generar sus propias defensas y hasta puede caer en pánico. Esto es lo que le está ocurriendo a muchos argentinos en general, que ven frustrado su esfuerzo por mantener o conseguir una mejor calidad de vida y resulta que se encuentran ante un desbarranque político y económico que pone en duda el mensaje optimista del Gobierno Nacional. Ni hablar el impacto que tiene en las Pymes y en todos los sectores productivos vinculados al campo, a los servicios y a las cadenas agroalimentarias.
La idea de este espacio Editorial no es intentar el análisis político y económico actual porque es obvio que el ciudadano que se interesa cuenta con información para pensar y obtener sus conclusiones.
Desde este lugar propendemos a generar un debate más profundo sobre los temas que se abordan aportando algunas ideas y reflexiones desde nuestro lugar. En el caso de la lechería vuelven a reiterarse coyunturas de asfixia financiera, de empresas que entran en el corredor del quiebre, lo que hace suponer que habrá más cierre de tambos y esto es lo peor que se puede anunciar.
Hoy existen estadísticas que no mienten, por suerte hay una base de datos e información que están indicando claramente que los costos para producir un litro de leche está por encima del valor que percibe el productor. Un productor que viene de atravesar tres años de contingencias climáticas con una exigua asistencia oficial que no le llegó a todos.
Desde hace seis meses la economía nacional, que parecía lograr algún impulso de crecimiento, comenzó a desequilibrarse y se está cruzando la mitad de año en medio de un tembladeral del que no se tiene certezas sobre su aquietamiento. A la lechería esta situación volvió a pegarle fuerte, justo cuando había algún optimismo para el segundo semestre del año. Los volúmenes de producción se encuentran en leve crecimiento con respecto a la baja producida tanto en 2016 y 2017, lo que significa que el sector primario ha hecho un nuevo retroceso del cual poco se habla.
Y ¿qué pasó con la lechería en crecimiento que vaticinaban los funcionarios de este Gobierno? ¿Se puede hablar con tanta liviandad de crecimiento ante una actividad atada siempre a la improvisación y a su buena suerte? Las entidades que representan a los productores se han mostrado dispuestas al diálogo con el actual gobierno y han presentado sus propuestas. Más allá de las infinitas conversaciones donde participan las industrias, técnicos, productores y funcionarios, no se avanzó en una cuestión básica. Producir más leche: ¿en qué condiciones? ¿Cuáles son las certezas que le aseguran al productor producir más volumen y que no sólo no va a ganar plata, sino que va a perder a la intemperie?
El optimismo como la esperanza, forman parte de una actitud mental que necesita todo ser humano para crecer, proyectarse, construir puentes que utilizarán quienes los sucederán. Pero para hacer realidad cada obra hay que contar con proyectos, planificación y certezas de poder alcanzar objetivos. 
Distintos voceros de las entidades ya venían manifestando en los últimos meses que no veían resultados concretos desde las reuniones oficiales, falta de vocación de avanzar en una política y/o estrategia oficial que permita lograr una lechería sostenida en el tiempo, con crecimiento y competitiva.
Hoy se exporta lo que hay, un poco más de volumen porque el peso argentino se devaluó contra el dólar, aunque no son tan tentadores los precios internacionales. En buena hora que se exporte un poco más, porque el mercado interno ha bajado su consumo y no está en condiciones de convalidar precios de góndola que ya no están al alcance de la inmensa clase media del país y sus diferentes estratos.
Se esfumó el optimismo en casi todos los órdenes que componen la economía del país. También cayó la lechería en esta volteada donde zafaron quienes están más ordenados y cuentan con reservas forrajeras elaboradas cuando el dólar costaba $ 18. Hoy hacer reservas con insumos dolarizados a $ 28, otra es la realidad. ¿Cómo enfrentarán los tambos las inversiones que deberán realizar dentro de unos meses para planificar sus reservas para el próximo año? 
Se cayó el optimismo y la desazón invadió al sector primario. Casi como lo que nos ocurrió con el seleccionado nacional de fútbol. Teníamos uno de los mejores planteles con los jugadores más caros del mundo, incluyendo al "mejor". Nos sobraba optimismo pero algo ocurrió. ¿Qué ocurrió supuestamente?  Faltó un proyecto en común, faltaron ideas y mucho más de trabajo en "equipo". Justamente, el trabajo en equipo, en saber entenderse, conectarse, tenerse confianza para poder llegar al arco contrario. Es el tema de tapa de esta edición de Julio, la palabra equipo puede ser una utopía pero puesta en práctica es una realidad que puede alcanzar objetivos sorprendentes.
Digámosle entonces, al Gobierno Nacional y a sus funcionarios que trabajen con optimismo pero que este equipo no funciona como tal. No sabemos si son los mejores jugadores, pero no anda. No hay confianza, están ignorando esa realidad tan contundente que es la gente, con su desencanto, con su desilusión. La macroeconomía debe ser atendida, sin dudas, pero si no se escucha a esa "gran sociedad" que moviliza al país, con sus pymes, con sus emprendedores, sus investigadores, sus empresarios (los más honestos), a las inmensas economías regionales con sus productores y a las cadenas agroalimentarias, a la gente que quiere mejorar con el esfuerzo del día a día, no se verán resultados y no se recuperará la confianza.
Faltan incentivos concretos para reactivar a los sectores productivos. Esperanza hay, pero no optimismo dialéctico. 

Fuente: Nuestro Agro

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