Nota publicada Edición Impresa "Agosto 2018"
Tema de Tapa

"No está el horno para bollos" pero aún así se abren tambos

Aunque hemos aprendido bastante sobre cómo funciona la lechería doméstica a lo largo de muchos años de transitar nuestra cuenca lechera, de analizar sus luces y sombras, nunca faltan motivos para continuar hablando del tema. En esta edición de Nuestro Agro vuelve a ser tapa la apertura de un nuevo tambo.

Por Miguel Ángel Ruiz Díaz
Director de Nuestro Agro
mruizdiaz@nuestroagro.com.ar

Pongámosle algo de humor al comentario. Y esto que se cuenta es cierto. Hace unos días atrás –fines de julio- un periodista de Nuestro Agro que siempre anda buscando alguna noticia, algún dato relevante, alguna novedad, recorriendo la zona, no tuvo mejor idea que preguntar, a viva voz, ante un grupo de productores reunidos circunstancialmente: ¿qué me pueden decir de los productores que cerraron sus tambos ante las inundaciones y ahora han reabierto? ¿Es amor a las vacas o son tozudos?
¡Para qué! Las respuestas se dieron al unísono y el escriba quedó medio sordo pero alcanzó a entender algunas frases. "¿Cómo que vuelven?, yo cerré y nunca más vuelvo al tambo", dijo el primero y lo siguieron: "no me hable del amor a las vacas, yo terminé odiando a esos bichos" ; "aquí ya no quedan tambos, cerraron todos, el agua y el barro los fundió a todos"; y uno más se enganchó: "cómo cree usted que se puede producir si no tenemos ni caminos; hace 30 años que prometieron hacer los ripios y mire lo que tenemos... ni hablemos de los canales". Finalmente, alguien del grupo, ya resignado enfatizó: "no tenga miedo, digan en la revista que la lechería no tiene futuro en estas condiciones, yo estoy por cerrar".
Todos se conocen, hay guiños y en el diálogo personal cada uno cuenta su historia, se pueden entender o no, las causas que motivan el cierre de un tambo. Pero si hay dos razones puntuales que están en el ranking del cierre de tambos esas son: el cansancio de su titular (especialmente por sus años) y la ausencia de un continuador. Esto que se cuenta ocurrió nada menos que en Bauer y Sigel, uno de los distritos más afectados por las inundaciones en el Dpto. Castellanos. La presidenta comunal contó ese mismo día, que en 2015 había 14 tambos y hoy solamente quedan cinco. Un dato no menor.
En cuanto a los reclamos que hacen los productores a través de sus entidades, siempre pasan por el tema precio y los cuestionamientos al sector industrial. La discusión forma parte de un debate que solicitan las entidades del sector y que no encuentran respuesta hasta el día de hoy, aún siendo recibidos por el mismísimo presidente de la Nación. La actual política de Gobierno es no intervenir y dejar que los mercados definan por oferta y demanda.
Los estados de ánimo no son los mismos en todas las zonas, hay un importante sector de productores que analiza sus números y saben que los costos se han ido por las nubes y el precio que perciben por la leche entregada no los cubren. La diferencia de esta gente es que apela a un manejo eficiente haciendo ajustes internos hasta que la situación se recomponga. 
Pero también hay datos alentadores, aún en un contexto muy sensible en el que no se puede generalizar. Es cierto que hay algunos tambos que cerraron y luego se abrieron después de las inundaciones y los restantes han logrado recuperarse con su producción. En el distrito Vila, por ejemplo está el caso de los Porta, ellos debieron evacuar todos sus rodeos y cerrar durante varios meses. Son primos, Miguel –por ejemplo- comenta que desde 1973 a esta parte, la última inundación del año pasado fue la peor, especialmente porque a su campo llegó agua de otra zona y en ese sentido cuestiona el atraso de obras de canalización y canales no declarados. Después de seis meses, luego de cerrar en enero de 2017, comenzó a traer algunas vaquillonas que había guardado y que ahora están pariendo, ya cuenta con 70 en ordeño y espera recuperar unas 60 vacas que llevó a Suardi en arrendamiento. Su idea es alcanzar los 3.000 a 3.500 l/día. Su hijo Juan de 26 años está dispuesto a continuarlo: "si no fuera así seguramente no abro más el tambo pero cuido esta tierra que viene de mi biseabuelo, con 330 ha. porque no podemos vivir de la agricultura, sembramos para el tambo, el año pasado prácticamente se perdió el 80% del maíz y de la soja. Ahora sembré 50 ha. de alfalfa y rogamos que el clima nos acompañe".
Por su parte, Orlando Porta, que tuvo un tambo importante que entregaba a la láctea "Aurora" también cerró en la misma época, y cuenta sus padecimientos para trasladar sus vacas que habían quedado en el agua. Logró salvar unas cuántas, otras las vendió, otras las trasladó a zonas de la provincia de Córdoba en alquiler y se guardó vaquillonas. Volvió a poner en marcha su tambo porque uno de sus hijos que ya tiene 30 años será el continuador. "Nosotros somos candidatos a desaparecer, si no se hacen las obras de canalización prometidas aquí no queda ningún tambo. La mayoría cerró y los campos están alquilados y lo grave es que se pierde el sentido de pertenencia por la tierra propia".
Si bien se viene observando una lenta recuperación en la producción de leche en la cuenca santafesina, aún se está  lejos de lo que se producía en 2015, el cierre de más de 400  tambos ha llevado a que Santa Fe haya sido superada por la provincia de Córdoba con epicentro en la zona de Villa María. Allí crecieron los rodeos, se agrandaron los tambos, optando por el sistema de encierro total o parcial, toda esa movida contribuyó al crecimiento de varias industrias pymes de la zona (son alrededor de 100 en total) como Noal, Punta del Agua, Sobrero & Cagnolo, Nestlé, entre muchas otras que captan más de 5 millones de litro por día.
Aún en un contexto complejo, aparecen emprendimientos tamberos que merecen ser alentados. Se abren nuevos tambos, otros se reestructuran para pasar a mayor volumen, hay demanda de vaquillonas a parir, hoy se compra una vaquilla con menos de 5.000 lt. de leche. Si bien no es una tendencia, se debe entender que hay gente nueva que se instala en el sector, otros con más historia también siguen apostando y la conclusión básica es y será: "alguien va a continuar produciendo leche en la Argentina a pesar de todo". 
Difícil y complicado, sí. Posible, también. La lechería aguarda señales más claras: financiamiento adecuado de largo plazo y la definición de una política lechera de crecimiento razonable con una política exportadora fuerte y sostenida en el tiempo.
No es mentira, se pueden ver y visitar. Decir que se abren tambos nuevos se presenta como una contradicción. Hace unos meses atrás fue tapa en Nuestro Agro un nuevo tambo que se puso en marcha en María Juana con un rodeo Jersey; en Rafaela la cabaña "La Magdalena" activó un nuevo establecimiento; en Arenaza, provincia de Bs. As. se inició otro y ahora en Gessler, provincia de Santa Fe comenzó a funcionar otro establecimiento totalmente nuevo.
Las voces son múltiples, disímiles, ni los productores han logrado unificar en el tiempo una entidad única que los represente con fortaleza, ni las provincias más productoras –sus gobiernos- han desplegado un criterio para generar una política de sostenimiento productivo y evitar los nefastos cierres. Como generadora de abundante mano de obra y arraigo, es oportuno que las provincias con mayor producción lechera se preocupen primordialmente a mejorar la infraestructura rural, con mejores rutas y caminos, con abastecimiento seguro de electricidad, ejecutando canalizaciones, promoviendo la construcción de viviendas rurales, entre otros factores que requieren del compromiso de cada gobierno.
Por ahora, desde Nuestro Agro promovemos el "Diploma al Estoicismo del Productor Tambero". 

Fuente: Nuestro Agro

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