Nota publicada Edición Impresa "Agosto 2018"
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"Competitividad": el gran obstáculo

Una radiografía pormenorizada de la cadena láctea. ¿Cuáles son los "factores de competitividad" que explican el estancamiento? El Ing. Alejandro Galetto elaboró un extenso diagnóstico para la FUNPEL, que fue publicado por el OCLA y que Nuestro Agro sintetizó en sus aspectos más salientes.

Por Alejandro Galetto
Ingeniero Analista del mercado lácteo

A fines de la década del '60, con una participación de la exportación de casi el 50% de la producción total, culminó una larga etapa de crecimiento de la lechería argentina, que se había iniciado a principios de siglo. Luego, entre los años 1970 y 1990, como consecuencia de los cambios en las políticas lecheras de los países más desarrollados del hemisferio norte, el sector se orientó casi exclusivamente hacia el abastecimiento del mercado interno.
En la última década del S. XX la lechería argentina recobró su dinamismo tecnológico y productivo, y comenzó un proceso de articulación con el mercado global que, con altibajos, se mantiene en la actualidad, con una participación de las exportaciones que ha oscilado entre el 15 y 28% de la producción total.
Sin embargo, por razones que no están del todo claras, ya que abundan diagnósticos y propuestas contradictorias, el sector ha entrado en un proceso de estancamiento global que lleva prácticamente 20 años, pues los niveles productivos del año 2017 fueron los mismos que los del año 1998/1999, a lo que se agrega también una gran variación interanual de la producción, en gran parte debido a razones climáticas.

El eslabón primario
La producción de leche en Argentina está concentrada mayoritariamente en las provincias de Córdoba (37%), Santa Fe (32%) y Buenos Aires (25%), y en menor medida en Entre Ríos (3%), Santiago del Estero (1%) y La Pampa (1%), a lo que suma alguna participación marginal del resto de las provincias no pampeanas. En el año 2017 había 11.326 tambos, que se distribuían en un 35,1% en Santa Fe, 30% en Córdoba, 22,1% en Buenos Aires y 7,6% en Entre Ríos.
La producción se concentra cada vez más en pocas unidades (tambos) de gran tamaño. El 68 % de los tambos producen menos de 3.000 litros/día y representan el 31 % de la producción total, mientras que las unidades de más de 3.000 litros/día son el 32 % del total, con el 69 % de la producción. Esta tendencia se habría acelerado en los últimos años (Cuadro 1); estos datos muestran un primer indicio de que una porción significativa de los tambos de nuestro país no tendrían el tamaño mínimo para operar en forma rentable en las condiciones de competencia internacional en las que se desenvuelve el sector lechero argentino.
La estructura productiva de los establecimientos indica que hay un rango de intensificación muy grande, que va desde un sistema de producción de confinamiento casi total hasta los más chicos de naturaleza pastoril durante todo el año con un uso más acotado de la suplementación.
El Gráfico 1 muestra la evolución de la producción total de leche del país, que con grandes variaciones inter-anuales, se encuentra prácticamente estancada en los últimos 20 años, donde la producción aumentó apenas un 3,2%. 
Como una cuestión central del desempeño del sector primario, en el Gráfico 2 se muestra la evolución del precio de la materia prima leche (MPL) que recibió el productor nacional en los últimos años, entre enero de 2005 y enero de 2017, en pesos corrientes (línea azul) y en dólares (al tipo de cambio oficial), línea roja. El precio en pesos ha experimentado la evolución lógica que caracteriza a la situación inflacionaria de nuestro país, mientras que el precio en dólares ha acompañado la situación del mercado internacional y del tipo de cambio. El precio muestra una tendencia ascendente entre los años 2007 y 2011 (con la excepción del 2009 por una fuerte crisis internacional), y a partir de allí osciló en el rango de 0,30 – 0,40 US$/litro, hasta que a fines de 2015 y principios de 2016 se combinaron otra fuerte baja de precios internacionales con la devaluación del peso, lo que determinó otra fuerte caída del precio en dólares.

El eslabón industrial
La industria láctea argentina es un sector muy heterogéneo, con muchas empresas de diferente tamaño, orientación productiva y actividad exportadora. El Ministerio de Agroindustria identificó 670 "industrias lácteas" durante el año 2017. 
A pesar de la creencia de la existencia de una alta concentración en el sector industrial lácteo, la evidencia empírica indica lo contrario. En el Cuadro 2 se presenta un ranking de las 15 principales empresas lácteas del país, ordenadas según su captación de leche estimada para el año 2017, y su comparación con el año 2006, donde se advierten grandes cambios en la captación de leche, con una tendencia general hacia una mayor atomización del eslabón industrial. 
Por otro lado, si se analiza la concentración en el sector industrial en función de la participación en las ventas de los diferentes productos, se observa que es bajísima en quesos y dulce de leche y bastante más elevada en yogures, leches cultivadas, flanes y postres.

La distribución en el mercado interno
Según datos del OCLA al año 2016, el mercado interno es el destino del 75,8% de la producción nacional de leche (un 16,6% es exportación y 7,6% es lo no procesada por la industria). De lo que se destina al consumo interno el 96% se comercializa por el canal minorista y el resto como ventas industriales e institucionales (2% cada uno de ellos), mientras que el canal HORECA (hoteles, restaurantes y catering) representa un 8 % aproximadamente. Los supermercados e hipermercados representan el principal canal de comercialización minorista, seguidos por autoservicios y despensas. 

La actividad exportadora
Entre los años 2008 y 2017 nuestro país exportó en promedio el 20% de la leche producida. Pero en los últimos 5-6 años (a partir del año 2012 para los volúmenes y del año 2013 para el monto exportado) la exportación no paró de caer (Gráfico 3), como consecuencia de la fuerte reducción que experimentó la oferta de leche a nivel nacional, particularmente en los años 2016 y 2017, lo que frente a un consumo interno que incluso crece en proporción al aumento de la población, deja un saldo exportable cada vez menor.

El consumo interno
El primer dato de interés que surge es que hace más de treinta años que el consumo de lácteos está alrededor de los 200 litros (de equivalente-leche) por persona por año. El principal factor de modificación del consumo es la combinación de crisis macroeconómica y de producción (como en 1988-1990 y en 2001-2002). Todo hace suponer que, en ausencia de fluctuaciones macroeconómicas de significación, y sus consiguientes repercusiones en la distribución del ingreso, el consumo de productos lácteos seguirá manteniéndose dentro del rango de 190-210 l/p/a, creciendo en línea con el aumento de la población (alrededor del 1% anual en los últimos años), lo que equivale a algo menos de 100 millones de litros anuales.

El contexto internacional 
La exportación ha reducido su participación como destino de la producción láctea argentina, en un contexto mundial donde la producción global de leche está aumentando a un ritmo del 2 % anual (1994-2016), y alcanzó en el año 2016 los 819 millones de toneladas (675 M tn de origen bovino).
En este período el volumen de comercio ha crecido más que la producción, pues pasó de 33,7 M tn (equivalente-leche) en 1994, a 48,2 millones de toneladas en 2003, y se estima que fue de 71,6 millones de toneladas en el 2016. 
En muchos análisis del sector lácteo se parte de la premisa que el mercado internacional es de naturaleza residual, apoyándose probablemente en la participación relativamente baja del comercio en relación con la producción total. A partir de este dato, surgen en forma casi automática algunas recomendaciones de política, normalmente orientadas a un desarrollo sectorial con oferta controlada e intervención de mercados, sin una consideración estratégica de la actividad exportadora. Pero esa visión de un mercado global residual no es correcta. Entre los años 1994 y 2013, mientras la producción de leche de vaca creció un 38 % el comercio lo hizo un 104 %. Finalmente, si se considera sólo la leche producida que se destina a la industrialización (algo más del 70% del total) y se incluye dentro de la estadística de comercio a los flujos intra-Unión Europea, la participación del comercio internacional supera holgadamente el 20% de la producción.
Respecto de los precios de los productos que se comercializan internacionalmente, el índice elaborado por la FAO dice que el promedio de los valores nominales en el período 2007-2017 aumentó un 87 % con respecto al período 1995-2006 (un 56 % en términos reales). 
Un aspecto a destacar del comportamiento del mercado internacional es la fuerte volatilidad de los precios. 

El mercado regional
Más del 50% de las ventas externas argentinas se dirigen a mercados de América Latina. La región tenía un déficit de producción de unos 4.000 millones de litros de equivalente leche a comienzos del S. XXI, que se fue achicando hasta los años 2010 y 2011, pero luego se ha vuelto a agrandar, llegando casi al mismo valor que tenía en el año 2000, aunque con un volumen global de comercio (exportaciones más importaciones) que es casi un 80% superior. Ello implica que en la región hay un comercio de lácteos cada vez más dinámico, y que hay una demanda potencial para mayores exportaciones argentinas.

Comparativo regional y global
Como dice el viejo adagio, "nada es bueno o malo sino es por comparación". Comparando el crecimiento de la producción de leche de nuestro país en el período 2000-2016 con el crecimiento de Brasil, Chile, Uruguay y Nueva Zelanda, el crecimiento de Argentina fue casi "cero y los otros cuatro países lo hicieron en promedio por encima del 60 %. Esto respalda la idea de que, en términos comparativos, tenemos un "problema de crecimiento".
Sin embargo, al comparar el crecimiento de la producción de leche entre los países es posible tener una mirada diferente, que va a resultar útil para interpretar el origen y posibles respuestas al problema de (falta de) competitividad, y que consiste en desagregar las tasas de crecimiento entre regiones, como puede observarse en el Gráfico 4, que compara el crecimiento de la producción de leche de Argentina entre 2000 y 2016 con la de Nueva Zelanda, pero desagregada entre isla norte e isla sur (isla sur +213%, isla norte, emblema de la producción de leche de ese país, 25 %), y con dos estados de Brasil (Río Grande do Sul un 120 %, Sao Paulo -9 %).

Comercio exterior y precio de la MPL
Una alternativa para evaluar en forma comparativa el desempeño argentino es analizar los indicadores de "ventajas comparativas reveladas", que miden la importancia relativa de un país en el comercio internacional, pero ponderada por la importancia relativa de ese país en el comercio global de mercancías, lo que se denominan "indicadores de competitividad". Allí se muestra que Argentina tuvo "ventajas reveladas" en los primeros años de la década del 2001-2010, y desde el 2011 ha comenzado a descender, volviendo a los valores de la década del '90. En cambio para Nueva Zelanda, Uruguay y Estados Unidos, se advierte una clara mejora del indicador en el período analizado, aunque con salvedades en referencia con las exportaciones globales del país y su relación con las exportaciones totales mundiales.
Hay una relación directa entre la participación de las exportaciones en el destino de la producción de cada país y la correlación del precio al productor con el precio internacional, como se observa en el Cuadro 3, que también muestra el precio medio para los cuatro países y el precio internacional. La conclusión que se puede extraer es que el precio que recibe el productor argentino está bastante en línea con el que recibe el productor de los otros países. 

La competitividad del eslabón primario
La leche puesta en tranquera de tambo, con las características físico-químicas y bacteriológicas establecidas dentro de un determinado estándar, es un producto no diferenciado, un commodity; esto nos lleva a evaluar la competitividad del sector primario a partir del costo de producción, como Nueva Zelanda. Adicionalmente, la MPL representa un porcentaje muy alto (60-80 %) del costo de producción de los productos lácteos no diferenciados (commodities) que se comercializan en el mercado internacional. Por lo tanto, el costo de producción de la leche es un indicador clave de la competitividad de costos de la cadena láctea en su conjunto, no sólo de la producción primaria.

Competitividad externa e interna
En el Gráfico 5 se muestra la evolución (2000-2016) de los costos de producción de leche de un sistema de producción representativo de nuestro país (170 vacas en el oeste de Buenos Aires), y su comparación con sistemas de producción de leche representativos de Nueva Zelanda (348/369 vacas), Estados Unidos (1.000 vacas en Wisconsin) y Alemania (106/139 vacas en el norte del país). Así, nuestro país es competitivo internacionalmente.
De cualquier manera, nuestra competitividad de costos está declinando en términos relativos; la relación de costos entre nuestro país y el hemisferio norte muestra una clara tendencia a la pérdida de competitividad, a partir del año 2002, cuando el costo de producción de Estados Unidos y Alemania era 173 % superior al de Argentina, hasta llegar al año 2016, la diferencia de costos entre nuestro país y la media de los otros dos prácticamente desapareció (-1% en realidad). Si la comparación se hace con Nueva Zelanda se aprecia una mejora relativa de la competitividad argentina hasta 2005-2007 y a partir de allí comienza un deterioro de nuestra ventaja de costos.
La idea de competitividad interna se refiere a la comparación entre la producción de leche y otras actividades que compiten por el uso de los recursos (tierra, trabajo, capital y gerenciamiento), que en la Argentina es básicamente la agricultura, y en particular, la soja. Para ello, se estimó el resultado operativo (ingreso bruto menos gastos en efectivo, directos y de estructura) de un modelo de tambo que produce 7.800 lt/ha, y lo mismo se hizo para la soja de primera, con rendimiento de 32 qq/ha en los primeros dos años y luego se elevó a 34 qq/ha, representativo de las áreas donde el tambo y la agricultura compiten con fuerza. En promedio el resultado operativo del tambo es de 395 US$/ha mientras que el de la soja de primera es de 172 US$/ha (43%), y con excepción de los años 2009 y 2016, caracterizados por importantes bajas en el precio de la leche, en los últimos 15 años, de manera consistente, el tambo supera a la soja, por lo que no se explica muy bien, en función de este indicador, que en los últimos 15 años la producción de leche se mantenga prácticamente constante (en realidad, si el punto de partida es 2003 hay un crecimiento del 24%), mientras que la soja en dicho período casi duplicó su producción (dejando de lado el caso de la campaña 2017-18, muy afectada por una sequía atípica).
Pero es posible analizar el resultado económico comparado de estas dos actividades desde otra perspectiva, en función de los retornos que ofrecen al factor trabajo (e indirectamente, al factor gerenciamiento, proporcional a la demanda de trabajo de las actividades). Así, se consideró que el modelo de producción de leche que publica la revista Márgenes Agropecuarios utiliza 4,3 EH totales y utiliza 207 has, lo que da un coeficiente de uso de mano de obra de 0,02 EH/ha. Por el otro lado, para el caso de la agricultura, se utilizó un coeficiente de 3 EH/1000 ha, es decir, 0,003 EH/ha. Así se obtiene un resultado operativo por unidad de mano de obra (EH).
Lo que muestra el Gráfico 6 es totalmente distinto, en relación con la competitividad relativa del tambo y de la soja, y probablemente explica mucho mejor lo que está pasando en la Argentina de los últimos 20 años (desde que se impuso el nuevo paquete tecnológico agrícola). En promedio, el resultado operativo del tambo es de 19.003 US$/EH por año, mientras que el de la soja de primera es de 57.422 US$/EH por año, y salvo el caso del año 2015, es siempre superior al del tambo. 
Estos resultados también permiten reforzar la idea que la comparación de sistemas de producción entre países debe ampliar el tipo de indicadores que toma como referencia. En el pasado, se ha puesto mucho énfasis en una visión "agronómica" del sistema, fundamentalmente a partir de indicadores de productividad por vaca y de la tierra. Si bien la tierra es un recurso escaso, y hay cierta lógica en su utilización, habría que prestar atención a la productividad de la mano de obra especialmente, como un indicador de la "atractividad" de la producción lechera y de su capacidad para competir internamente.

Intensificación, organización y competitividad
Uno de los factores a considerar es el de la continuidad de la empresa tambera frente a los cambios generacionales, y cómo el aumento del costo de oportunidad de la tierra puede haber constituido un freno a la sucesión ordenada a las generaciones más jóvenes. Se estima que actualmente entre el 40 y 50 % de la tierra destinada a la producción de leche se encuentra bajo un régimen de arrendamiento, tanto a terceros como dentro del mismo núcleo familiar, modalidad que impide o dificulta la realización de inversiones en capital fijo que son imprescindibles para que los tambos alcancen mayores niveles de productividad. Otra cuestión es un análisis del proceso de intensificación de los últimos años, que consistió básicamente en un aumento de la carga animal y de la producción individual como producto del incremento del consumo de concentrados (granos y balanceados comerciales) y del mayor uso de silaje, para lo que no siempre se hicieron cambios en la capacidad operativa de las instalaciones de ordeño y en la disponibilidad de agua y sombra para el rodeo, lo que conspira contra la calidad del trabajo y su productividad. 
Otro aspecto es "la cuestión organizativa". Como lo propone el Gráfico 7, el tambo argentino se encuentra en una situación casi única a nivel mundial en lo que respecta a la interacción de variables de tamaño y mano de obra (origen, cantidad y residencia), a través de una comparación con los esquemas productivos del Norte de Estados Unidos (Wisconsin) y de Europa, de Oceanía (principalmente Nueva Zelanda), del oeste de Estados Unidos (California, Idaho, etc.) y de Brasil (en el sur, la zona más dinámica), al menos planteado como hipótesis. Brevemente, nuestro tambo está caracterizado por un exceso de mano de obra y de baja productividad. Por ejemplo, en una encuesta realizada por el INTA en el ciclo 2016-17, muestra que el tambo medio argentino utiliza en promedio 4,3 EH (equivalente-hombre, representa 2.400 horas/año de trabajo), de los cuáles 1,8 EH corresponden a mano de obra familiar y el resto contratada. Para una producción media de 2.760 litros/día, ello equivale a una productividad de unos 16.000 kg de sólidos por EH y por año, prácticamente un tercio de la productividad que se obtiene en el tambo medio de Nueva Zelanda. Lo que no se explica muy bien, siempre a partir de los promedios, que esconden diferentes situaciones individuales, es que si la mano de obra contratada equivale a 2,5 EH y el ordeño sólo utiliza 1,6 EH (según menciona el mismo informe), queda un tiempo excedente de 0,9 EH, que se supone está dedicado al resto de las tareas, guachera, pasturas, etc.), de lo que podría inferirse que además hay un grado importante de subutilización de la mano de obra familiar.

Competitividad del eslabón industrial
Tres aspectos críticos: en primer lugar, la eficiencia de costos del sector es determinante para conocer qué proporción del precio de salida de fábrica pueden recibir los productores; en segundo lugar, la "conducta" de las firmas (en el sentido del paradigma estructura-conducta-desempeño) podría influir en la formación de precios al productor, y también, en la formación del precio de salida de fábrica, a través de su interacción con la cadena comercial; finalmente, el sector industrial es responsable de gran parte de las decisiones de selección de mercados, introducción de productos, calidad e inocuidad, etc., que influyen sobre la competitividad global del sector.
LOS COSTOS INDUSTRIALES. Las principales variables que determinan el costo de elaboración en la industria láctea son la escala, el uso de la capacidad instalada, la tecnología, los insumos y factores (mano de obra, energía, etc.), los costos logísticos y el ambiente institucional (impuestos, regulaciones, etc.).
Una de las características relevantes, en comparación con los competidores globales, es la baja escala de las plantas. En el caso de la leche en polvo entera, hay sólo una planta en el país que tiene una capacidad de procesamiento de 1 millón de litros diarios. La escala para producir leche en polvo es: chica (450.000 l/d), mediana-chica (650.000 l/d), mediana (830.000 l/d), mediana-grande (1.380.000 l/d), grande (2.200.000 l/d) y muy grande (3.700.000 l/d).
En la Argentina hay sólo una planta "mediana-grande" y una "mediana". El resto son "medianas-chicas" y "chicas". En el caso de Nueva Zelanda, por ejemplo, en general había plantas de tamaño grande, y recientemente se han incorporado plantas muy grandes. En términos de capacidad de pago por la leche, la diferencia de costo operativo entre una planta mediana-chica y una planta grande representa unos 0,11 $/litro (once centavos), es decir, un 3,3 % del valor actual de la materia prima.
Además del tamaño de planta, otro factor importante para la determinación de los costos industriales es el porcentaje de utilización de la capacidad instalada. Una mejora del 20 % en la utilización de la capacidad (pasando del 50 al 70 %) produce una reducción de costos superior a la que se obtiene mediante la duplicación del tamaño de planta, para los tamaños más chicos. 
Otro problema que se le presenta a la industria láctea nacional, en comparación con otros competidores del mundo, es el costo laboral. Según un relevamiento a partir de distintas fuentes, publicadas y extra-oficiales, el costo laboral de la industria láctea argentina oscila entre un 8 y un 24 % de los costos, mientras que en otros países competidores ese valor va del 7-12%. Este mayor costo laboral se debe a la combinación de varios factores: (i) una baja productividad de la mano de obra (en Argentina el promedio es de 800 lt/empleado/día mientras que en los países de lechería más desarrollada es de 2.500 a 4.000 lt/empleado por día); (ii) un alto costo relativo de la mano de obra industrial, no sólo por los salarios de bolsillo sino por las cargas sociales, ausentismo, según la FEPALE, y (iii) el bajo uso de las plantas (por la reducción de la producción de leche), que aumenta el costo laboral unitario.
FEPALE comparó el costo salarial de 12 países de la región (Gráfico 8). La diferencia entre el costo laboral reportado para Argentina y los tres países que le siguen (Uruguay, Chile y Brasil) es muy importante (supongamos 1.500 US$/mes), y para una productividad de 3.000 lt/empleado/día (líneas de exportación), implica una diferencia a nivel de precio de la leche en tranquera de unos 0,40 $/litro (cuarenta centavos). Al menos una parte de la industria láctea argentina tiene un problema importante de altos costos laborales, que le quita competitividad en el mercado de commodities.

Logística y Exportación
Los costos de logística representan aproximadamente el 14% del precio al público de los productos lácteos, de los cuales la mitad corresponde a la recolección de materia prima y la otra mitad entre la industria y la distribución y el comercio minorista. Hay evidencias de que el costo del transporte es caro en la Argentina cuando se lo compara con otros países. 
La importancia de los gastos en logística (principalmente fletes) en la cadena láctea argentina se explica no sólo por el alto costo salarial (y de aportes) de los choferes, sino además por una serie de restricciones a la organización del trabajo (cantidad mínima de personal, etc.) en comparación con otros países.
En el Gráfico 9 se comparan los costos de exportación de Argentina con un grupo de países de la región (Chile y Uruguay) y de otras regiones del mundo (Australia, Nueva Zelanda y el promedio de la Unión Europea), según datos publicados por el Banco Mundial, para la serie de años 2005-2013. Los costos están expresados en dólares / contenedor de 20 pies, e incluyen todas las tasas que se deben pagar para completar los procedimiento de importación o exportación (aduana, despachante, etc). Tomando en consideración solo los datos del año 2013, el costo de exportación de Argentina es un 60% más alto; considerando una carga de 18 toneladas por contenedor, ello equivale aproximadamente a unos 0,08 $/litro de leche equivalente.
Como se ve, en este documento se pone mucho énfasis en los costos, como el principal determinante de la capacidad del país para crecer en el mercado de exportación de commodities lácteas. Pero hay posiciones diferentes respecto de las razones que explican la falta de competitividad de la cadena láctea argentina, como son las cuestiones estructurales y de formación de precios en la cadena, y la coordinación entre distintos eslabones. Sucede que no hay mucha evidencia empírica en ese sentido.
Otro supuesto problema de formación de precios que suele esgrimirse, es el que surgiría del ejercicio de poder de mercado por parte de la cadena comercial ("la renta está en la cadena"), apoyándose seguramente en algunos indicios sobre márgenes de comercialización muy importantes, particularmente en los quesos. En principio, aquí hay dos problemas diferentes. Uno es que los formatos comerciales tengan algún tipo de rentabilidad muy elevada, y otro es el margen que aplican a ciertas líneas de productos, que en el caso de los lácteos parecerían ser injustificadamente elevados, cuando se los analiza en forma individual (si se lo aprecia en el contexto del negocio global del minorista, probablemente compensan los pequeños márgenes que ofrecen otros productos). 

Desempeño y diagnóstico sectorial
La descripción del proceso de un modelo de desempeño de la lechería argentina comienza con la oferta de leche de corto plazo, que determina automáticamente una oferta de productos lácteos (casi) fija, por lo que la capacidad de respuesta de corto plazo de la industria a condiciones de mercado es muy limitada. Lo único que puede hacer, es dirigir esa oferta, alternativamente, al mercado interno (demanda "bastante inelástica") o al mercado externo ("demanda casi totalmente elástica") a precios de mercado internacional.
Ante una caída del precio internacional, y hasta que se genere un nuevo equilibrio (cambios de canales, envases, contratos), la respuesta racional empresaria es derivar producto al mercado interno, donde la capacidad de sostener precios es bastante limitada, por lo que la competencia por colocar productos hace que el retorno equivalente se acerque al que se puede obtener en el mercado global.
Las dos variables fundamentales en la determinación del precio de la materia prima son el precio de salida de fábrica de los productos y los costos industriales. Un factor adicional es el exceso de capacidad instalada por encima de la oferta de leche, que agrava inconvenientes como la cuestión salarial, la escala y la logística.
El precio de la leche y el nivel de costos de la actividad primaria (que depende de la escala y la productividad), determinan la rentabilidad del tambo. Sin embargo, la producción de leche depende de la rentabilidad relativa, que también depende de la rentabilidad de otras actividades. Como puede notarse, no es un problema sencillo.
Si bien la producción de leche argentina es de "bajo costo", el resto de las actividades que compiten por el uso de los recursos también son muy eficientes, y bajo las actuales condiciones de estructura (tenencia, tamaño) y organización (de la empresa y del trabajo), no se aprecia la existencia de un conjunto de tecnologías (de insumos, de procesos o de organización) que permitan una mejora significativa de la "atractividad" del tambo frente al resto de las opciones. Como resultado, la cadena láctea argentina ha mantenido prácticamente el mismo nivel de producción en los últimos años. Cuando el clima se presenta desfavorable, salen con fuerza a la luz las limitaciones estructurales de una proporción importante de los tambos argentinos.
A nivel industrial, los factores de productividad y costos tampoco contribuyen a mejorar la competitividad del conjunto. Tanto a nivel industrial como logístico, sumado a costos que genera el ordenamiento burocrático del Estado, nuestra cadena láctea opera con costos superiores a los competidores internacionales, reforzando los problemas de productividad identificados en el sector primario, que en forma concurrente serían los responsables del estancamiento sectorial que se observa desde hace casi 20 años. 

Nota: para consultar el informe completo y las fuentes del autor, ingresar a www.ocla.org.ar.

Fuente: Nuestro Agro

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