Nota publicada Edición Impresa "Octubre 2018"
Editorial

La confianza se recupera con verdad y austeridad

Por estos meses y seguramente por unos cuantos más, vemos y veremos mucha gente disconforme y con mal humor en base a los resultados alcanzados por el actual Gobierno de Mauricio Macri. Hay motivos fundados y hay que entender que una gran masa de argentinos que votó por un cambio anda desilusionada ante el desbarranque que se percibía con el gobierno anterior. Aún cuando estos avatares pueden tener una transición hacia un país más creíble, más ordenado, con justicia sobre todo.
Ese voto estuvo acompañado por un mensaje esperanzador, de medidas económicas que permitieron salir al país de un encierro a una apertura en principio virtuosa, particularmente para la actividad agropecuaria. Se anunció un cumplimiento de metas para bajar la inflación –principal flagelo argentino- y políticas de estímulo para las pymes y las economías regionales que generan trabajo y dinamizan amplias zonas del país. Transcurrió 2016, se generaron expectativas, el campo comenzó a reactivarse pero dos inundaciones golpearon seriamente y detrás una sequía. Mientras tanto, la volatilidad de los mercados internacionales, el cambio político en varios países incluyendo a Estados Unidos fueron impactando en la economía interna. Allí fue cuando le faltó pulso político a este Gobierno, porque se debieron sincerar rápidamente las variables económicas y no sostener pautas incumplibles.
Y ocurrió lo que ya se percibía a fines de diciembre de 2017. En abril llegó el desbarranque con una devaluación que la sociedad no esperaba. Como vulgarmente se dice en el campo: tumbamos la chata y en el barro. Y aparecieron nuevas medidas, de esas que no se desean, al margen de los ajustes en servicios, combustibles, transporte, etc. también se avanzó por nuevas retenciones a las exportaciones agropecuarias, lo que Macri prometía no tocar, pero resulta que en el Fondo Monetario Internacional, al que regresamos una vez más, lo pedía como condición. Varias de esas condiciones no están mal porque Argentina no se caracteriza por cumplir, más bien por despilfarrar, de gastar por encima de lo que tiene.
Entonces este es el escenario que estamos transitando. Esta vez no prometen ni segundo semestre ni primer trimestre mejorando. Esta vez parece que son como unos nueve meses duros a transitar. Y prácticamente se ha prohibido salir de vacaciones por el mundo. Ese desliz argentino se lleva muchos dólares para afuera. Hay que salir a gastar pesos dentro del país, pero resulta que todo está dolarizado. Subir a nuestro automóvil ya es todo un desafío.
Y sin disimulos el Estado imagina una súper cosecha para este ciclo que finaliza a mediados de 2019, año electoral. Habrá que orar al Dios Argentino que tanta riqueza nos ofreció siempre, que esta vez el clima se comporte bien, tal vez más que bien, para que el maíz, el girasol, la soja y el trigo se cosechen en abundancia y podamos superar, en parte, este trance. 
Lo cierto es que hoy los que necesitan más que nunca una buena cosecha son los productores agropecuarios que tratan de superar tres años malos o regulares, que están endeudados sin poder acceder a los créditos que andan con tasas del 50/60%. Con la tumbada de chata desparecieron los créditos a tasas blandas, la política de incentivo a las pymes y desapareció el paquete de baja de algunos impuestos. 
Todo indica que el sector del campo es el más próspero para aportar divisas al Estado, para sacarlo de su endeudamiento, para subsanar las erráticas decisiones que toman los ministros. El presidente debería pedir disculpas por muchos errores, por haber dicho "lo peor ya pasó" y "tengo el mejor equipo de trabajo". 
Por más que hoy manifieste que entiende la dureza del ajuste, que sabe de lo mal que la está pasando el sector que más lo apoyó, Macri debe responder porque ofreció "su compromiso" de cambiar al país por uno más vivible, más tranquilo, menos crispado. Curiosamente, desde las mismas entrañas de su partido, las disidencias que se escuchan no ayudan a recuperar la confianza.
Aunque en el país, en muchos rincones se continúa apostando al crecimiento y al futuro, las noticias de coyuntura anulan toda buena noticia que las hay. Acaba de suceder un hecho inédito y de trascendencia mundial. Argentina puso en órbita desde la Base Vandenberg de la Fuerza Aérea Norteamericana (California), el satélite argentino Saocom 1A que ya orbita a 620 kilómetros de la Tierra. Es el primer Satélite de Apertura Sintética (SAR) que medirá la humedad del suelo en la Región Pampeana, en tiempo real y a una escala de resolución de 100 metros. Impulsado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) y con el aporte del INTA, el satélite cuenta con el instrumental y la tecnología necesaria para alertar sobre potenciales inundaciones, incendios y enfermedades de interés agrícola. Equipado con microondas en banda L, permitirá obtener imágenes de día y noche y a través de cualquier capa de nubes. Gracias a esta tecnología, se podrá saber con precisión la cantidad de agua sobre la tierra y la salinidad del suelo.
Esta buena noticia permite fortalecer la esperanza de que podemos tener un país mucho mejor. Tenemos los recursos, a los científicos y a los innovadores. Nos falta más honestidad y respeto entre nosotros. 

Fuente: Nuestro Agro

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