Nota publicada Edición Impresa "Octubre 2018"
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En busca de la cosecha perdida

En busca de la cosecha perdida

El sector agropecuario quiere revancha después de la magra campaña pasada. En medio de un contexto complicado, con “El Niño” al acecho, la cadena sojera se prepara para la recuperación. Productores y empresarios analizan lo que viene.

La campaña 2018/2019 busca ser la revancha del sector agroindustrial. Los embates climáticos del ciclo anterior, con pérdidas productivas y económicas muy marcadas, provocaron turbulencias no solo en la economía nacional sino también, con mucha fuerza, en esa rueda económica que permite el desarrollo y crecimiento del interior. Sembrado el trigo, en un contexto totalmente distinto al actual, las expectativas de todos (Gobierno incluido) están puestas en la gruesa, donde la soja cobra una relevancia trascendental a partir de las proyecciones que anticipan una producción cercana a los 55 millones de toneladas.
En el Seminario de la Asociación de la Cadena de la Soja Argentina (ACSOJA), llevado a cabo el jueves 27 de septiembre en la Bolsa de Comercio de Rosario, se percibió la necesidad de “pegar” esa cosecha que no pudo ser en el primer semestre. Productores, empresarios y funcionarios, remarcaron el entusiasmo que ostenta el sector agrícola pero al mismo tiempo plantearon los obstáculos que enfrenta, no solo a nivel nacional sino también en el terreno internacional a partir de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, con consecuencias inciertas en los principales países productores de alimentos.
“Queremos llevar un poco de optimismo porque en la actualidad Argentina no está atravesando un momento fácil pero debemos destacar que tenemos un futuro muy interesante”, afirmó a Nuestro Agro el presidente de ACSOJA, Luis Zubizarreta. Teniendo en cuenta que la cadena puede generar empleo y desarrollo, el trabajo articulado entre el sector privado y el Gobierno deberá ser perfecto para tratar de capitalizar las oportunidades que brinda el mundo. 
Los eslabones de la cadena reconocen que siempre el campo “está para poner el hombro” y destacan que el productor seguirá apostando fuerte a la producción. De ahí, las expectativas que mostró el empresario, ex presidente de CARBIO: “el año pasado tuvimos un desastre climático generalizado y tenemos muchas ilusiones en esta campaña de poder tener una linda cosecha, obviamente hay inconvenientes y preocupaciones, pero sabemos que el mundo necesitará más alimentos y estamos en condiciones de producirlo”. 
Si los pronósticos de la cosecha 18/19 se cumplen, el complejo oleaginoso también podrá deleitarse. Por año, Argentina produce unos 33 millones de toneladas de harina de soja y unos ocho millones de toneladas de aceite. Y en 2019 el sector confía en superar esos volúmenes, aun cuando el Gobierno nacional haya decidido frenar la baja de retenciones (la alícuota permanecerá en 23% durante seis meses).
Al respecto, Zubizarreta analizó: “creemos que fue una mala decisión y esperemos que pronto se revierta; porque la industria tiene ese diferencial no porque tenga subsidios, sino porque hay una contra diferencial en los países compradores; hay un incentivo enorme que muchas veces se refleja con un diferencial a favor de la materia prima versus el bien terminado en los países de destino y lo que hacía esta política era de alguna manera una política espejo”.  Y agregó: “como país hemos bregado el ´cero por cero´ para que nadie ponga diferenciales pero los contrarios también juegan, así que Argentina debe tener la inteligencia de proteger a su agroindustria de modo tal que le agreguemos mucho más valor a las exportaciones”.

“Entusiasmo”, a pesar de todo
Unas de las voces más reconocidas de la cadena sojera es Gustavo Grobocopatel, más conocido como “el rey de la soja”, apodo con el que tomó trascendencia a nivel nacional en años del gobierno kirchnerista. Sus análisis siempre resultan interesantes teniendo en cuenta que preside el grupo “Los Grobo”, uno de los holding más importantes del sector agroindustrial argentino. 
En diálogo con Nuestro Agro compartió sus impresiones sobre el escenario actual: “el campo nuevamente constituye un pilar fundamental para el país y más en un momento de crisis como estamos pasando”. El empresario confía en una buena campaña, pero reconoce que “tiene que acompañar el clima para tener la producción que esperamos tener y de alguna manera colaborar con la salida de estas turbulencias de corto plazo y la construcción de un futuro mucho más estable y de progreso”. 
El CEO de “Los Grobo” se mostró optimista a pesar de los problemas que azotan al sector y encuentra “entusiasmo en los productores más allá que los números no son buenos”, En ese sentido, debe señalarse que el contexto internacional y también el retorno de los derechos de exportación han incidido en la baja de precios. “Hoy los números son finos, obviamente que mucho más para el que arrienda, pero también para el dueño de campo porque se está observando que para aquel que tiene campo propio lo que ocurre es que a veces las crisis no se notan tanto en la caja pero la realidad es que se va comiendo patrimonio”, reflexionó.
Y al ser consultado sobre retenciones, indicó: “yo creo que el problema es que todavía ni desde del sector académico ni del sector político hay conciencia del daño y perjuicio que causan para la sociedad, entonces hasta que eso no lo tengamos solucionado siempre hay un riesgo de volver a su aplicación”.
Los cambios en las reglas de juego para quienes realizan fuertes inversiones parecían haber quedado atrás, pero la imprevisibilidad volvió a decir “presente” aún cuando el Gobierno nacional, en reiteradas oportunidades, rechazaba teorías o ideas que golpeen a la producción. Los empresarios reclaman estabilidad para poder decidir porque de lo contrario el panorama se torna incierto. Y Grobocopatel lo sabe: “necesitamos condiciones de un entorno menos volátil y con condiciones lógicas, un tipo de cambio que no sea ni sobre ni subvaluado y tasas de intereses acordes a lo que puede pagar la producción”.
Por último, tuvo elogios para la cadena de la soja que “representa un ejemplo a nivel mundial de coordinación entre diversos actores para ser competitivos” y que está lista para el desafío de aportar las divisas que necesitan las arcas oficiales. “Interviene la producción, la industria, los proveedores de tecnología, la industria química, tratándose de un complejo industrial y de servicios que colabora permanentemente con el bienestar de todos”, resaltó.

Un “aporte de US$ 8.500 millones”
El sector agroexportador también aguarda con ansias la campaña 2018/2019. La fuerte sequía en el ciclo anterior obligó a un esfuerzo financiero más grande para apalancar la inversión del productor. Al 1 de octubre, según datos de la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina y el Centro Exportador de Cereales (CIARA - CEC), se liquidaron poco más de US$ 17.000 millones. En términos comparativos la cifra es 1% menor con relación al mismo período de 2017, año en que la cosecha de granos nacional estuvo en el orden de los 120 millones de toneladas.
El presidente del CIARA – CEC, el politólogo Gustavo Idígoras, fue entrevistado por Nuestro Agro en el marco del Seminario de la Cadena de la Soja, donde ofició como moderador de uno de los paneles más importantes. La primera definición que brindó contempla el esfuerzo de los exportadores a la hora de financiar, “tomando créditos en dólares del exterior con una tasa menor para poder ayudar a los productores con tasas más bonificadas y también para colaborar con el mercado cambiario para la existencia de divisas”. 
El empresario realzó el rol de la cadena sojera por su agregado de valor en materia de exportación que redunda en puestos de trabajos, generación de valor en el interior y mayores divisas. Con la mira puesta en lo que viene, advirtió que “hay un punto favorable y todos los demás negativos” en el actual contexto.
“Lo positivo es que vamos a tener una producción mayor que la del año pasado, se espera un volumen superior a los 55 millones de toneladas y, de cumplirse la estimación, habrá un ingreso de divisas de todo el sector de unos 8.500 millones de dólares”, reveló. Entre los puntos negativos remarcó la “enorme inestabilidad cambiaria e inflacionaria, que no es bueno para nadie en Argentina, sobre todo para esta cadena de valor que tiene que exportar y sus costos van incrementándose mes a mes y eso podría implicar pérdidas de mercados”.
Las medidas oficiales han generado cierta desconfianza en el sector, máxime cuando todos los países del mundo que compiten con Argentina no deben lidiar con impuestos a la exportación. “Cuando esos tributos afectan los productos procesados se producen efectos de deterioro de la capacidad de industrialización porque el producto sin procesar, el primario, se torna más atractivo para importar que el producto procesado argentino que se transforma en algo más caro porque uno le carga más impuestos”, explicó. Independientemente de la preocupación, Idígoras consideró que “es una situación excepcional” que por decisión del Gobierno durará hasta el 2020, “así que de ser así el efecto probablemente será limitado”. 

Fuente: Nuestro Agro

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