Nota publicada Edición Impresa "Junio 2019"
Editorial

Agenda de oportunidades para los productores

Bienvenido el viento a favor para nuestras exportaciones. Hasta abril los precios internacionales mostraban valores bajos, al menos para el productor argentino. Paulatinamente diferentes factores confluyeron para que se produzca un sacudón que provocó el alza de las cotizaciones. Esto, en principio está referido al mercado granario y particularmente a  la soja y el maíz, pero tracciona a otras commodities del rubro. También se presenta un escenario favorable para nuestras carnes que están muy demandadas con exportaciones creciendo fuertemente de la mano del mercado Chino, entre otros, con la cuota Hilton en alza y la 481 también demandada.
El conflicto comercial entre Estados Unidos y China ha sido un detonante que amenaza extenderse en el tiempo y en segundo término el mal clima –con excesos de lluvias- también golpea al país del norte justamente cuando promediaba la siembra de la campaña 2019/2020. Son temas de una agenda global de la que Argentina no está ajena, por el contrario. La suba de los precios en Chicago reactivó las operaciones desde nuestros puertos que se encuentran muy activos generando divisas importantes al Tesoro Nacional. El movimiento de barcos haciendo cola en los puertos santafesinos sobre el río Paraná ha sido un buen indicador y genera entusiasmo entre los productores de cara a la nueva campaña. Parece que alguien pegó un grito y dijo: “aquí no se para”. Y todas las señales indican que están dispuestos a pisar el acelerador. Y a volver a invertir muchos millones de pesos para una próxima campaña. Quienes terminaron de cosechar la soja decidieron comenzar con la siembra del trigo que ya está avanzada en algunas áreas, un cereal que promete otra campaña récord. Y luego vendrá la siembra de maíz para septiembre que también se perfila con un crecimiento.
Las buenas señales ofrecen oportunidades que seguramente los productores argentinos sabrán aprovechar, pero habrá que estar atentos a lo que suceda en este mundo globalizado en los próximos meses. Mientras tanto se instaló otro tema que impacta en los mercados internacionales. Es el vinculado a la peste porcina que se dispersó desde Africa y que no sólo ha afectado al 10% del stock chino, sino que se ha extendido a países como Camboya, Vietnam, Mongolia y Corea, mucho más grave de lo que se suponía en un primer momento. Esto puede generar distintos impactos, por un lado la retracción de compras de maíz y soja de China que las utiliza para producir carne, como también aumentar la demanda de carne porcina y aviar para reemplazar su déficit en cerdos. En torno a estos episodios, como el clima que golpea a EE.UU. y la peste porcina que afecta al gigante asiático, se generan diferentes expectativas. Sólo se necesita del paso del tiempo para determinar la magnitud y las secuelas que dejarán.
Por su parte, el campo argentino se encuentra muy movilizado aprovechando esta ventana de oportunidades que se presenta. Y aquí vale instalar otra reflexión. Producir más es un objetivo, producir con calidad es otro paso. Y transformar la materia prima agregándole valor es otra instancia clave que multiplica el rédito. La cuestión pasa por los métodos y la tecnología que se utiliza. La producción de materia prima necesita cumplir con protocolos, estrategias y metodologías no sólo pensando en el presente, sino en el futuro; mejor traducido significa mantener un sistema productivo sustentable en el tiempo, con rotaciones, con fertilización que permitan a los suelos recuperar la extracción de nutrientes después de cada ciclo. Lo que tal vez puede resultar redundante decirlo, no es exagerado recordarlo. Producir en forma amigable con los recursos naturales que disponemos, es la clave para continuar hablando del potencial que tiene nuestro país para producir alimentos. Lo razonable sería que el Estado no sólo esté abocado a recaudar como resultado de este virtuosismo productivo, sino que debería legislar con amplios consensos en todo lo referente al cuidado de los recursos, particularmente los suelos, el respeto hacia el medioambiente, fijando normas básicas que se obliguen a cumplir y no queden en meras disposiciones legislativas que no se aplican. Argentina tiene un importante déficit en estos temas y se debe un debate en torno a la protección de todos los recursos naturales.
También el Estado debería estar presente en proteger algunas actividades que han perdido competitividad y son sensibles a la volatilidad de los mercados. Ocurre, por ejemplo con la producción de leche y aparece por esta época la necesidad de incentivar la actividad ganadera que está presentando un futuro muy promisorio. Preocupa hoy el alto nivel de faena de vientres por los excelentes precios que provoca la demanda china, pero se corre el riesgo de no incentivar la retención de hembras que puedan sostener en el tiempo no sólo la reposición natural sino el crecimiento de una actividad que también aporta millones de dólares al Estado y está escasamente protegida. Desde este espacio se entiende que debe haber un Estado comprometido y dispuesto a generar políticas ciertas en estímulos hacia actividades productivas muy sensibles que necesitan ser competitivas y sustentables en el tiempo, con capacidad para superar los altibajos tanto de mercados como climáticos. 
Y ese Estado ausente debería garantizar un principio elemental de la economía: estabilidad. Si la hubiera, otra sería la realidad. 

Fuente: Nuestro Agro

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