Nota publicada Edición Impresa "Noviembre 2019"
Editorial

Estímulo y largo plazo

No es la primera vez que cumplimos un aniversario más mientras transitamos hacia un cambio de Presidente de la Nación. A lo largo de estos 26 años Nuestro Agro atravesó varios ciclos presidenciales con sus respectivas crisis y algunas bonanzas inexplicablemente interrumpidas. El  sector agropecuario se ha mostrado dinámico y dispuesto a tomar riesgos transformándose, incorporando tecnologías, innovando, adaptándose y proyectándose con mirada atenta a los cambios. Cada ciclo de gobierno armó políticas de corto plazo con improvisaciones, donde el azar algunas veces jugó a favor del sector para aprovechar vientos a favor, casi siempre como consecuencias de ciclos internacionales a precios beneficiosos. Hoy no son los mismos los escenarios geopolíticos del mundo, ni tampoco las formas de comunicarse y transmitir conocimientos. Muchas transformaciones se han producido a los largo de más de dos décadas.
Con cada cambio de presidente hubo luces y sombras, con pocos ciclos de continuidad en cuanto a crecimiento sostenido. Los altibajos han estado a la orden del día. En estos últimos años se fueron dando condiciones favorables para que el campo mostrara su potencial productivo reflejado actualmente con una cosecha récord y con altos niveles de exportación en granos, como también las ventas de carne bovina al exterior, un sector que continúa recuperándose. Aún con este escenario promisorio se han instalado en el ámbito agropecuario algunas preocupaciones en cuanto a modificaciones que puedan instalarse en los sistemas de comercialización ante el inminente cambio de presidente. El 10 de diciembre entregará el mando Mauricio Macri y asumirá el electo nuevo presidente, Alberto Fernández.
La Comisión de Enlace de Entidades Agropecuarias se ha puesto en estado de alerta ante la circulación (no oficial) de propuestas que ha elevado el PJ al presidente electo para los primeros 100 días. Aunque no hubo anuncios oficiales de ningún tipo, las entidades tienen el temor que se repitan políticas similares al anterior gobierno justicialista durante el mandato de Cristina F. de Kirchner. Una primera reacción ante el documento con propuestas del PJ, la tuvo el presidente de la Sociedad Rural Argentina, Daniel Pelegrina, quien calificó a las mismas como "un verdadero compendio de ideas fracasadas". En la misma sintonía se pronunció la Mesa de Enlace, que en un documento público expresó: "nos inquieta particularmente encontrar en él recetas de política agropecuaria que ya han sido puestas en funcionamiento en diferentes oportunidades en el pasado, y que fracasaron notoriamente, logrando efectos opuestos a los deseados y haciendo que caiga la producción de alimentos en todo el país. La carne, la leche y el trigo han sido ejemplos de cómo estas trabas sólo generaron menos producción, menos empleo y menor oferta en nuestro mercado interno". Y prosigue: "nos alarma advertir nuevamente referencias a "vigilancia de precios", "precios referenciales", limitaciones a las exportaciones, "controles de cambio", "regulación denominal de productores", la creación de nuevos impuestos, como un gravamen a la herencia o un impuesto inmobiliario nacional. Nada de esto ayudará a poner de pie a la producción y al interior del país", dijeron las entidades.
El Partido Justicialista (PJ) propuso a Fernández la eliminación de retenciones para economías regionales en crisis, segmentación de retenciones y el manejo y regulación de divisas proveniente de la exportación de granos, entre otras propuestas para los primeros 100 días de gobierno.
Si bien no hay certezas, la preocupación se instala desde la lógica de políticas anteriores que se impusieron con las mismas premisas de "cuidar la mesa de los argentinos", una falacia que sólo llevó a romper algunas cadenas productivas y alimenticias.
Cabe esperar que estos presagios que sobrevuelan sobre un sector que está invirtiendo permanentemente para producir más volumen y calidad, no resulten en políticas confiscatorias, de mayor presión impositiva, porque en realidad lo que se necesita es lo contrario para aspirar al crecimiento y las inversiones a largo plazo.
El campo pocas veces tiene buenos momentos y sufre avatares de todo tipo, especialmente los climáticos y a causa de las políticas erráticas de turno. El reciente censo agropecuario, cuyos datos comenzaron a hacerse públicos, habla de la desaparición de 82.652 explotaciones entre 2002 y 2018, es decir que a lo largo de 16 años fueron cesando actividades casi 5.200 establecimientos  por año, algo así como 430 por mes. No todo es consecuencia de las nuevas tecnologías que se han incorporado, la historia, cuyo borrador ya lo escribió el periodismo, refleja el desamparo que sufren los pequeños y medianos productores toda vez que sus economías son afectadas por inundaciones o sequías y deben afrontar ciclos adversos sin asistencia crediticia acordes a cada circunstancia. La concentración de la tierra en pocas manos parece inevitable, pero las consecuencias de un mayor empobrecimiento es un debate que se debe dar con urgencia y con crudeza ante ausencia de políticas de Estado.
Recientemente, referentes del sector agroindustrial argentino se reunieron en la Bolsa de Comercio de Rosario con el objetivo de analizar la magnitud y potencial del sector, consensuar acciones que potencien su desarrollo y anticipar los desafíos que deberán enfrentar. En el encuentro se presentaron algunos indicadores y mediciones que muestran la importancia económica y el impacto federal del conglomerado agroindustrial.
En esta edición, se publica un excelente relevamiento de la BCR sobre la importancia de la agroindustria en la actividad económica del país. Sólo dos datos que cabe destacar: "el conjunto de cadenas de valor que conforman la agroindustria son pilares fundamentales para asegurar un mayor nivel de producción, agregado de valor, volumen de exportaciones y generación de empleo, el que se estima en 5,5 millones de personas (empleos directos e indirectos) que trabajan en Argentina para la agricultura, ganadería, apicultura, acuicultura, pesca, silvicultura, explotación forestal y sus respectivas industrias transformadoras". Esto, tuvo en el 2018 un balance cambiario comercial positivo de U$S 29.000 millones". Además, "las exportaciones del sector agroindustrial representan actualmente el 60% del comercio exterior total".
Con estos datos reales de la economía nacional, el sector agroindustrial aún necesita estímulos de políticas de largo plazo para avanzar en inversiones, mayor desarrollo y más demanda de empleos directos. Si esto se comprende de una vez por todas, el país habrá logrado un crecimiento sostenido, sin interrupciones. 

Fuente: Nuestro Agro

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