Nota publicada Edición Impresa "Diciembre 2019"
Editorial

Impaciencia con esperanza

Fin de año y comienzo de un nuevo Gobierno. 
La sociedad argentina aguarda con impaciencia pero también con esperanza, las primeras acciones de Alberto Fernández y su equipo. La situación en que se encuentra la economía del país no es para nada cómoda y sin duda el margen de maniobra del flamante jefe de Estado será muy estrecho para aliviar un panorama tan crítico. Pero el hecho de mayor trascendencia del día martes 10 de diciembre será el traspaso presidencial sin conflictos y asegurando la institucionalidad del país.
 Con recesión y alta inflación, con la actividad industrial funcionando a media máquina y con los sectores asalariados en asfixia, seguramente al nuevo gobierno que ya anticipó que ante todo aliviará a los que peor la están pasando, no le resultará fácil salir de este atolladero por el que atraviesa la economía nacional, además de haber quedado pendiente una deuda externa con el FMI cuyo pago necesitará ser ineludiblemente renegociado. Se pagará con crecimiento, aseguran con lógica.
Una acertada acción de estímulo hacia los sectores que pueden reaccionar más rápido como lo es el entramado pyme que anda muy golpeado y el sector agropecuario que tiene capacidad de reacción rápida, podrían apuntar las primeras medidas. El campo sólo necesita de una señal de confianza para continuar produciendo más, asegurando exportaciones por muchos millones de dólares que llegan directo al Estado. La gran incógnita que posiblemente quedará develada en los próximos días, sea cómo se posiciona este nuevo gobierno con su política impositiva, si eleva y en cuánto las retenciones, si deja libertad para continuar exportando y respeta los mercados internacionales que se han ganado. Cuestiones básicas pero fundamentales para que todo el entramado agroindustrial del cual depende gran parte de la economía del interior del país, trabaje a pleno y en pocos meses pueda ofrecer como estímulo, una nueva cosecha récord. La actual cosecha de trigo le está indicando al Ministerio de Agricultura que el sector está deseoso de contar con reglas de juego claras que permitan invertir sin poner en riesgo la productividad y la rentabilidad necesaria para que los ciclos continúen siendo virtuosos, generando trabajo, desarrollo y crecimiento. Detrás de cada cosecha se genera todo el movimiento de la agroindustria con la fabricación de maquinaria e implementos que también significan miles de puestos de trabajo. Cada sector se retroalimenta pero ante todo hay que realizar una buena cosecha (ver pág. 20/21/22).
En general, no sólo de agricultura se trata, está la ganadería que atraviesa un buen momento en exportaciones pero necesita crecer, la lechería que aún estancada conforma una economía importante y con un gran potencial, pero también están las restantes economías regionales, tanto en el NOA, en el NEA, como en Cuyo, entre otras.
Macri se va con una economía fracasada, aunque se despidió reconociendo algunos errores. A Fernández le queda la gran responsabilidad de reencausar la actividad económica casi sin margen para equivocarse y posiblemente no llegue a disfrutar de los primeros 100 días que suele otorgársele a un nuevo gobierno para que despliegue toda su política. Urgen las correcciones a realizar.
¿Se buscará el diálogo? ¿Se acordarán consensos con todos los sectores políticos, económicos y sociales? ¿Habrá algún estado de emergencia en particular? Fernández ha venido anticipando que convocará a alcanzar acuerdos básicos con todos los sectores. Si así fuere desde el comienzo, se trataría de una fuerte señal de confianza porque, si de una buena vez, se produce un gran acuerdo nacional y éste funciona, el nuevo presidente tiene asegurado el bronce y desandará un camino hacia la puesta en marcha del gran desarrollo que reclama Argentina. El nuevo presidente tiene muchísimas cuestiones por resolver, los engranajes de sus ministerios deberán funcionar muy aceitados para que, por un lado se resuelva la pobreza, por otro se reactive la economía y también avance la obra pública que genera desarrollo y calidad de vida.
Por ahora son todas conjeturas, habrá que aguardar los primeros pasos y tener un poco de paciencia para que se adopten políticas acertadas desde el comienzo. Claro que hay esperanza porque sólo a unos pocos les va bien hoy en el país, el resto aguarda por oxígeno. El deseo de la sociedad es que le vaya bien a este Gobierno, ante todo porque es necesario recuperar el optimismo que se ha perdido. ¿Puede Alberto Fernández ser diferente al kirschnerismo duro y construir una política virtuosa sin confrontaciones estériles? La historia está por escribirse. Si se respeta a la República, el éxito no tardará en llegar. 

Fuente: Nuestro Agro

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